28 octubre 2009

Pero ésta gente qué hace aquí

Ya he dicho muchas veces que hay unos y unas enormes profesionales en la docencia pública, con total seguridad, si no fuera por esta gente, la instrucción pública se hundiría totalmente. Pero hoy quiero comentar que también hay una gente en los claustros de profesorado que uno se queda espantado y alucinado pensando lo que dice el título: ¿qué hace este tío-a aquí?

Ese toniquete de qué malo es todo a mi alrededor, sobre todo la administración, apenas oculta una falta de compromiso profesional de descomunales proporciones, y una falta de altura moral difícil de sostener para estar continuamente expuestos como ejemplo en las aulas. Se pide autoridad, ¿para quién?


Creo que he dicho esto millones de veces con el mismo resultado, ninguno. En democracia, la autoridad debe ser necesariamente reconocida, merecida, lo contrario es autoritarismo y miedo. La autoridad te la ganas cuando te implicas con las personas con las que convives tantas horas al día y que llamas alumnos. A los que examinas y juzgas, y a los que algunas veces jodes la vida. ¿Tú no fuiste nunca alumno? ¿Cómo se te ha olvidado ya? La autoridad educativa es la que demuestra que las personas que la ostentan la merecen. No puede haber otra.

¿Se ha perdido la autoridad? Perdone, nunca la hubo. Antes había autoritarismo, nepotismo, y mucho miedo y amenazas. Si ese es el camino, no hemos avanzado nada. Viva Franco.

Y lo peor de todo es que el sistema sigue seleccionando profesorado de la misma manera. No hay cambios.

27 octubre 2009

Hay días grises

Y a veces meses. Sin preverlo casi nunca, el tren vira y se mete en un largo túnel, ... que termina asfixiando nuestra alegría. El bien dorado del alma.


Si no tienes un amigo o amiga en esos momentos, ¿a qué has dedicado tu vida?

Mi amigo me dice ahora:
"A la gente que te queremos nos gustas así. Dispuesto a hacer valer otras mil veces más las ilusiones, o lo que es igual, a ofrecer el corazón y la cara para que traten de nuevo de partirlas. Si es que es eso. Ríete, pues, mira el mar, respira, sueña y disfruta. Déjate ir y vuelve de nuevo a por ellos, suavemente, con la sonrisa en la boca. Y millones de veces más. Como el mar.
Es lo que podemos hacer."

Lo que conforta enormemente mi corazón, sobre todo porque no se siente uno solo, sino comprendido, de ese rescoldo se saca lumbre para poner de nuevo la cara.

Vaya tarea cambiar un mundo que no nos gusta.