28 febrero 2009

El fin de los partidos.

No se asusten, seguirán viendo fútbol en televisión, me refiero a los partidos políticos.

En 30 años los partidos políticos han pasado de ser garantes de la democracia, como dice la Constitución, a ser parte importante del problema de absoluto distanciamiento entre la población (¿el pueblo ha muerto?) y la clase política. Lo que significa un vaciamiento continuo del sentido de la democracia, del que van quedando fundamentalmente los aspectos formales.

Desde mi humilde opinión, la falta de reacción casi total de los dirigentes y militantes de los partidos, ante la avalancha de noticias sobre corrupción, unida a la certeza del ciudadano de que "están todos pringados", de cualquier signo y color, corrobora las sospechas, si falta hiciera.
Los partidos se han dedicado sistemáticamente y desde cualquier color, a rapiñar todos los puestos de toma de decisiones (poder) a todo nivel social, en busca de puestos donde se cobre lo máximo posible y se trabaje lo mínimo posible pues la carrera política personal es el norte y primera prioridad, y el sentido del servicio público ni se sabe ya lo que es, si es que queda algo de eso.
Afirmo desde hace años que la estructura orignialmente democrática de la organización de partidos es estructuralmente violenta, pues responde a un esquema de enfrentamiento para obtener la luz. Hay formas noviolentas de hacerlo, más cercanas a un mundo que busca reorganizarse en torno a la paz.
La participación del ciudadano es inexistente. Ven y vota, que con tu dinero te monto una campaña publicitaria para que te comas mis promesas, que no mis ideas, pues también han muerto. 

Los partidos han devenido agencias de colocación a alto nivel de compañeros, amigos y conocidos (del partido y sus allegados) en un interesado intercambio de favores y prebendas. Y también del intercambio de bocados y zancadillas, en guerras internas soterradas y silenciosas, de los caudales de nuevos arrivistas que se van incorporando a los partidos pensando ya sólo en el puesto, el sueldo, y lo que venga en la gestión privada de los puestos públicos. Coge el dinero y corre.
Lo peor es que tal panorama impide por imposibilidad de convivencia, que las personas y funcionarios, con sentido del servicio público por compromiso profesional, puedan acceder a los puestos donde mejor podrían servirlo, pues ahí siempre está el primo del hermano del diputado tal o de tal concejal ... del partido tal.

Hay que repensar la organización y participación ciudadana en su gobierno. 

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