01 febrero 2008

¿En qué quedamos? ¿religión o política?

Yo, que no soy católico, recuerdo bien aquello de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" estableciendo una dicotomía prácticamente insalvable entre la religión y la política, sin que eso tenga nada que ver con que quienes practican la política puedan tener una creencia religiosa, y quienes se inclinan más por las cosas espirituales puedan tener sus ideas políticas.

Pero hete aquí que la Conferencia Episcopal se mete de lleno en la campaña electoral y toma partido, nunca mejor dicho, justo en un momento en que ese partido ha demostrado cómo no se debe nunca hacer política durante cuatro años, ataque continuo, descalificaciones, insultos, mentiras, manipulación, traiciones, autoritarismo, culto al líder aunque no se lo merezca, hipocresía, y otras muy morales virtudes.

Es de alucinar que una organización con la historia de la jerarquía católica venga a dar lecciones de moral y de democracia. De alucinar. Pero ¿es que se creen que nos hemos vuelto todos amnésicos de pronto?

Que yo sepa, dos de las mayores inmoralidades de la historia, por masivas, son el holocausto nazi y las matanzas de la santa inquisición.

Inmoral es tener un credo que dice apoyar a los pobres y desahuciados del mundo, y haberse pasado la historia y el presente de parte de los ricos y poderosos del mundo.

Inmoral es hablar de democracia con una organización que es más autoritaria y dictatorial que la monarquía absoluta, pues el "monarca" es "infalible" y hace de su santa capa un sayo cada vez que se le antoja, y que además deja fuera de su seno a más de la mitad de la población: a todas las mujeres por el simple hecho de serlo. Pero ¿cómo se atreven a dar lecciones de democracia? ¿Desde cuándo la jerarquía católica es democrática?

Inmoral es hablar del "estudio libre de la religión" y querer decir realmente que se obligue a todos los estudiantes a pasar por las clases de la religión católica pues es la única verdadera. Imposible un argumento más alejado de la “recta razón” a la que apelan demagógicamente.

Inmoral es expulsar de la organización o condenar al ostracismo a quienes más cerca se hallan (o se han hallado) de las palabras del Cristo.

Inmoral es condenar a quienes defienden el diálogo con la intención de salvar vidas para dejar claro, si falta hiciera, de con quién están, aunque con ello se unan a la mentira e impidan votar a nadie, pues no hay partido que no haya hablado o defienda hablar con los terroristas si con ello se salvan vidas y se consigue la paz.

Inmoral es querer que se prohíba la educación para la ciudadanía democrática porque, según ellos, adoctrina, cuando adoctrinar es a lo que se han dedicado ellos con más ahínco desde que existen, centrándose obsesivamente en la represión del sexo y la generación del miedo y la culpa. No cabe más macabra manipulación.

Pero como el odio nubla la mente, no se han parado a pensar que van a lograr que se repita lo que ya pasó en las últimas elecciones y decantó, los números no fallan, la balanza por el partido que ellos no quieren: van a conseguir que vaya a votar la gente crítica y de izquierda que no comulga con las opciones planteadas por los partidos existentes para que no vuelvan los modales y las políticas de gentes ultramontanas que parecen recién nacidas en pleno franquismo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre, creo que no todo es malo.
Dentro del catolicismo hay formas de entender la sociedad de forma progresista.
Durante el papado de Juan XXIII y de Pablo VI, el Concilio Vaticano II inició una vía de aggiornamento que aconsejaba a sus fieles participar activamente en los movimentos políticos y sociales(recuerdo la encíclica Pacem in Terris, sin ir más lejos).
Era también la época de Cristianos por el Socialismo y del nacimiento de Justicia y Paz y de otras ONGs con abundante presencia cristiana.
Fue una época en que la Iglesia actuó como paraguas para la formación de sindicatos y partidos; recordemos la caputxinada, la trobada de intelectuales en Montserrat, los encierros en las iglesias, etc., y recordemos que el cardenal Tarancón se paseaba con la carta de excomunión de Franco en el bolsillo por si hubiera hecho falta utilizarla en defensa del progresismo.
Ahora la Iglesia de Rouco Varela y de Joseph Ratzinger tiene muy poco que ver co la de Juan XXIII, pero eso no quiere decir que los cristianos progresistas nos hayamos extinguido.

Alfons González.
Antiguo miembro de la redacción de Barcelona de EPP.

· dijo...

Yo tampoco creo que todo sea malo, y mucho menos que los cristianos o los católicos sean malos, más bien lo contrario, por eso me sorprende que soporten una cúpula estructural, en la organización de su religión, tan manifiestamente avariciosa de poder terrenal, esta gente sacaría el palio otra vez para otro "franquito" ¿no le parece?