22 agosto 2007

Aprender de los hijos

Dice la leyenda que los hijos están para aprender y los padres y madres para enseñar, pero esa ecuación, como casi todas las dicotómicas, es falsa. En realidad, ambos están aprendiendo, cada uno en su grado y, posiblemente (es de esperar), su propio camino.

A alcanzar esta deducción me ayudó, y mucho, una nota que dejó una de mis hijas (aunque lo he preguntado y lo he sabido, mi cabeza no quiere saber cuál) en la puerta del frigorífico:

"Ser amable es ser invencible".

Siempre que cuento esto tengo que reproducir una anécdota muy significativa que ocurrió con una de las enésimas veces que se ha reeditado sobre el frigorífico la frase, que ahí sigue. Llega una amiga de una de las niñas y lee en voz alta: "Ser amable es ser imbécil", y agrega: "Desde luego".


Desde luego, el "desde luego" lo dice todo. Es el imaginario del conocimiento colectivo el que eleva el error de lectura a verdad universal, la persona amable es tan tonta como aquellos a quienes designa el "mal sentido de la palabra bueno" parafraseando al poeta.

Pero hablamos de una conquista: la amabilidad como una opción personal contrastada, consciente y voluntaria. O de la bondad como opción personal. ¡Cómo ha sido posible que se haya marchado esta opción del vocabulario de aprendizaje infantil: "ser buena persona"! Mi madre me lo repitió miles de veces, toda mi infancia, como un valor trascendental; luego vino la realidad.

Pero es ahora, después de la realidad y a su pesar, cuando se construye una persona invencible en su amabilidad.

Cuántas horas me ha dado que pensar la frasecita. Cuando finalmente me atreví a contrastar los frutos de mis devaneos con las autoras: mis hijas, ellas ya sabían, cuando yo vi por primera vez el papelito del frigo, que era ésta, la amabilidad de segundo grado, de la que estaban hablando.

Fue entonces cuando descubrí lo importante que es aprender de los hijos. Tiene relación con aquello de que una persona es respetuosa cuando ha sido respetada, cuando ha podido paladear a qué sabe y cuáles son sus efectos. En la educación, los valores sólo se trasmiten con el ejemplo. Como en la vida.

Lo demás, al saco de la distancia que hay entre lo que se dice y lo que se hace. Al ensayo diario para actuar en el gran e hipócrita teatro del mundo.

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