14 abril 2007

Mis animales y otros familiares

Ésta señora:



Es una recién llegada a la que llamamos mayormente "Alma-en-pena", que se ha adjuntado porque tenía unos dueños que se marcharon y, como son ingleses, casi no aparecen, total que pasaba hambre y frío, y se vino a maullar como una posesa en las proximidades de la casa hasta que caímos en el pecado de la piedad.

El problema empieza ahora, pues como se ve, está bastante mayor y enferma, no podía comer lo que, eso sí, aquí comen todos los animales: bolitas de pienso (luego existo). Tenía una excrecencia en la boca ("carne crecida" le llama gráficamente la gente) y mi señora, a la que no le gustan los animales, empezó a comprarle paté de gato, bueno, mejor para gato. Y ahora empiezan los problemas.

Este caballero:


Se llama "Oso". Llevaba ya en la casa casi 10 años cuando llegó la advenediza. Y le encanta el paté, de gato o de oca, y si se tercia de cerdo, de lo que sea. Y hay que estar encerrando puertas y compuertas para que el pobre se queda mirando, y sobre todo percibiendo por esa mole de nariz con que se adorna, el paté que se come en exclusiva la última en llegar.

Pero el personaje peculiar, como se puede ver, es ésta:


A ésta le da igual ocho que ochenta del paté, del Oso, y de todos. Está siempre en el mejor lugar de cada momento del día o la noche. Es una superviviente nata. No se llama nada, o mejor dicho, se llama comodín, bueno, no es que se llame "comodín" sino que cada cual la llama como mejor le parece según las circunstancias. Le va mucho. Es más lista que el hambre y completamente feliz. Claro que para eso también se adorna de una actitud cariñosa como yo no había contemplado jamás en un animal. Parece un perro.

El Oso también se pasa de cariñoso a ratos y es un animal pacífico como jamás había visto tampoco. Le han mordido cuatro o cinco veces y ni en esas circunstancias responde violentamente. Es increíble. En cierta ocasión un perro chiquitillo y malencarado me iba a morder y él se lanzó como el Capitán Trueno. Yo me dije: "Vaya, por fin", pero qué va. Al llegar al perrillo ladrador humilló la testuz y le arremetió un limpio cabezazo. Es verdaderamente peculiar.

En fin, afanes cotidianos, que los amigos que me leen gustarán de conocer o reconocer.

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