27 enero 2007

Ego, yo, mi, me, conmigo.

Hace unos años oí en un claustro de profesores a alguien afirmar: "Reivindico mi derecho a ser egoísta, porque yo sé que todos sois egoístas.” Había reivindicado previamente “su derecho” a usar tal aula, la dirección del centro le dijo que mientras el número de aulas no fuera igual al número de profesores no se podía hablar de “mi aula” y que los criterios de uso de las aulas debían responder a las necesidades de los usuarios, no a las preferencias del profesorado. Se le acusó de egoísta y salió con eso.

Dejando de lado la grosería intelectual y las actitudes (exigibles, al parecer, sólo a los alumnos), la salida tiene su miga por cuanto necesariamente a uno le salta enseguida la pregunta a la cabeza: ¿Hay mucho profesorado con esta misma convicción? ¿Y qué hacen en la docencia? Enseñar su asignatura y ¿qué valores?

La convicción de que “el ser humano es incorregiblemente egoísta” está en la base misma del comportamiento de la jungla y su ley. Y justifica un comportamiento estructuralmente violento al afirmar una naturaleza perversa en el ser humano.

No entiendo cómo hay docentes que no se dan cuenta de que al abrir las bocas se les ven las ideas y algunas contienen todo un doctorado en su concepto (casi siempre invisible) de la naturaleza humana. Y pocas cosas más interesantes para un docente, que trabaja con personas, que ese conocimiento y una correcta actitud motivadora, instigadora, potenciadora y amable como la de creer que el que tienes enfrente no tiene remedio. Aquí cada uno a lo suyo.

Me parece que todos en la vida hemos sufrido un desvirgamiento moral al enfrentarnos con la maldad, el odio, la violencia, la enfermedad y la muerte. Pero eso no justifica torpes concepciones mentales para salir del atolladero y seguir viviendo lo más cómodamente posible. El ser humano no es malo ni bueno por naturaleza, o ambas cosas podrían afirmarse siendo al tiempo igualmente ciertas y falsas. Esta es una más de las barbaridades que produce una mente dicotómica y dual, sin capacidad para el proceso y los matices.

La ciencia humanística puede afirmar, creo, simplemente que en la naturaleza del ser humano existen ésas y más potencialidades y que, como las semillas, pueden en determinadas circunstancias desarrollarse más o menos en uno u otro sentido y siguiendo procesos frecuentemente complejos, pocas veces irreversibles.

Y la ciencia pedagógica moral (como si hubiera otra) dice que si pretendes ayudar a una persona a crecer tienes que tener un mínimo de fe en que, efectivamente PUEDE crecer. ¿No?


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