29 agosto 2006

Emanciparse con 700 euros

Parece que la edad de emancipación, de construir el propio proyecto vital (no contemplo derecho humano mucho más imprescindible salvo el de vivir), se acaba de situar en los 32 años.

Al parecer pasamos en pocos años de ser uno de los países con un índice mayor en número de hijos por familia a ser el de menos hijos por familia ¡del mundo!

Ayer el periódico decía que el sueldo de más de la mitad de los habitantes de mi provincia es de 700 euros al mes.

Los precios de la vivienda, por una pura especulación de tipo económico, se han disparado monumentalmente.

¡Oigan! Próceres, esto no son "champiñones sociales" que salen por aquí o por allá. Esto conforma una situación alarmante para una sociedad sana.

Tengo una hija de 27 años, con dos carreras terminadas, que está con su novio desde hace 4 ó 5 años, él (28 años) peleando para montar una empresa, y ambos, por las noches, a casa de papá y mamá.

Demasiados años soñando con llegar a tener lo que parecía ser lo mínimo en nuestras sociedades: una casa, un trabajo digno, una familia, una forma de vida propia.

Lo peor es que en el mismo periódico, misma noticia, justo debajo de lo de los 700 euros de la mitad de la población, dice que "pese a todo" los sueldos de nuestra provincia son los más altos de nuestra Comunidad Autónoma: 13.600 euros. ¡¡¡¡¿¿¿&???!!!

Esta puñetera sociedad que vivimos no sólo tolera sino que potencia la misma perversa dinámica que atormenta al Planeta entero, las riquezas cada vez más para menos, en una evidente espiral de ausencia total de ecuanimidad, es decir de justicia, que no puede traer más que conflicto.

Oiga, señor Procer, ¿para cuándo estos problemas entran en la agenda? Es que mi hija se quiere casar, lleva años deseando estar con su pareja y tener hijos, y no hay forma aun estando preparados. Cuando ella nació su madre tenía 22 años y su padre 23. ¿Son los 30 años los mejores para la maternidad?

¡¡Qué agobio!!

28 agosto 2006

Verdad, ciencia y amistad.

Agradezco a Paco Muñoz la inclusión de esta bitácora entre las del Planeta Eirene, es un honor. Y aprovecho para meterme en la dulce diatriba que le plantea el común amigo Juan Torres sobre la cientificidad de una decisión democrática, al hilo de la convención adoptada por el Congreso de Astrónomos que ha bajado de categoría a Plutón.

No sé, como dice Paco, si la verdad científica es "la más grande de todas las verdades", pero sí me quedo con su implícita aceptación de la pluralidad de "verdades" o caminos distintos de conocimiento a disposición de los seres humanos. Y sí comparto su entusiasmo por el conocimiento científico, por sus métodos y, sobre todo, por su capacidad autocrítica, que hace que la verdad de hoy sea el error de mañana.

Es encomiable que los científicos hayan encontrado rápidamente la forma de salir de las diatribas, que ille tempore duraban siglos, utilizando un método democrático de ponerse de acuerdo sobre una cuestión de nomenclatura, que es lo que en el fondo se dirime. Pero, efectivamente, una decisión democrática por sí no es verdad científica, pero cumpliendo algunos requisitos podría ser la más civilizada forma de acercarnos a la verdad, siempre esquiva, siempre camino y casi nunca meta.

La primera condición o requisito que yo pondría es la pureza de intención de quienes deciden con respecto a los asuntos a decidir. Y ya estamos con la dificultad de la ciencia para definir "pureza de intención", aunque yo sé que quien me lee me entiende. Es algo más allá de no tener intereses perversos, es el compromiso con la búsqueda de la verdad alcanzable.

Algún día, nuestra clase política, también se comprometerá más con la búsqueda de la verdad, y menos con la de los intereses encontrados.